La
Tía Yaya revela sus intimidades!
Nací en Atotonilco
de Tula, en el maravilloso estado de Hidalgo, México,
siendo la menor de once hermanos.
Tuve la desgracia de nacer el 13 de octubre de 197.. (perdonen
que falte el último número pero justo ahí
se terminó la tinta), que es día de los santos
Eduardo, Teófilo y Fausto. Para colmo de males mi ilustre
abuela materna se llamaba Diódora y mi no menos ilustre
abuela paterna se llamaba Anselma, así que mi culto padre,
don Adonay López y mi fina y pequeñísima
madre, doña Benigna Rojas (aunque mi padre sostiene que
no es tan benigna) decidieron no batallar escogiendo un nombre
y me arruinaron la vida registrándome como Eduarda Teófila
Faustina Diódora Anselma López Rojas, para servir
a Dios y a usted. A pesar de ser profundamente católica
hubo un tiempo que me enemisté con los santos por la
trastada que me hicieron con tan católicos, variados
y pintorescos nombres.
Desde niña sentí
pasión por dos cosas: el deporte y cocinar. Ambas aficiones
tuvieron un solo muso inspirador en mi hermano Melquiades, quien
siempre fue un poco dado a la pendencia, por lo que tuve que
aprender a defenderme de sus constantes maltratos. Comencé
a hacer pesas, correr, practicar el boxeo y la lucha libre para
darle pelea, no obstante con el tiempo descubrí que era
más fácil calmarlo dándole algo rico que
comer, así que me metí a la cocina e hice una
singular sopa cuyo horrible aspecto sólo fue superado
por su asqueroso sabor. Contrario a lo que se puedan imaginar
esta sopa sí sirvió para calmar a Melquiades porque
le dio una diarrea de pronósticos reservados.
A pesar del fracaso de
mi primera sopa, descubrí que la cocina es un lugar maravilloso,
por lo cual me di a la tarea de aprender todo lo posible de
mis innumerables tías directas, tías políticas
y medias tías quienes, ¡orgullosamente hidalguenses!,
cocinan magníficos, grasientos y suculentos guisos. Fui
aprendiendo poco a poco gracias al apoyo de los miembros de
mi familia que, invariablemente, se zampaban cualquier cosa
que yo pusiera en la mesa a pesar de que en incontables ocasiones
esto se tradujo en dolores de estómago, vómito,
diarreas, dientes rotos y hasta botulismo (un día que
no le di importancia a una lata cuyo atún estaba ligeramente
verde).
Cuando estuve en edad de
merecer me interesé por el Football Americano ya que
tuve un novio que lo practicaba y llevaba a todos sus compañeros
de equipo a cenar a la casa, gracias a lo cual pude perfeccionar
mis recetas. Para no morir de aburrimiento mientras los escuchaba
hablar de yardas, fersdauns, fauls y tochdauns, traté
de aprender un poco de este deporte. Llegué a jugarlo
muy bien y esto llevó mi noviazgo a su fin porque los
muchachos del equipo se quejaban de que yo era demasiado violenta.
Mi novio me lo hizo notar y yo decidí darle un ejemplo
de lo que es la verdadera violencia ¡pobrecito!
Como soy mujer a la que
le gusta superarse, decidí ir a la Universidad de Alta
Cocina Casera de mi tía Enedina (UNICOCATIENE),
que no tiene validez oficial pero es mejor que cualquier universidad
del mundo. Cuando llegué a inscribirme había una
larga fila de 20 señoritas (o que presumían de
ello) y
¡horror!, un muchacho sumamente desagradable
que se hace llamar Tavochú
y es también sobrino de la tía Nena, por consiguiente
mi primo lejano.
Terminamos la universidad
con altos honores, graves quemaduras de aceite y un diploma
verdoso con pintas de mosca. Desilusionada por la evidente inequidad
de calificaciones, ya que Tavochú y yo obtuvimos el mismo
promedio, decidí abandonar la cocina y probar suerte
en la capital. Siempre tuve aptitudes para la lucha libre así
que me dirigí al Distrito Federal, dispuesta a demostrar
mi valía. Gracias a mis capacidades físicas debuté
como luchadora dos meses después con el seudónimo
de La devoradora de Atotonilco de Tula.
Los golpes de la vida,
pero sobre todo los de Lady Apache, me convencieron de que la
lucha libre no era lo mío y me retiré de las luchas
profesionales. Sólo la practico de vez en cuando con
mi hermano Melquiades, cuando algún albañil me
dice un desagradable piropo o cuando soy toqueteada en el metro
por algún pelafustán. También estaría
dispuesta a darle una buena lección al hablador de Tavochú
cuando quiera y en el terreno que quiera (¿me estás
leyendo inútil?).
Debido a que todas mis
tías y la mayoría de mis hermanas y cuñadas
guisan bastante bien, opté por dedicarme a la repostería
para poder destacar entre tanto virtuoso de la sartén.
Actualmente hago los postres para la fonda de mi tía
Isaura de Apasco "El Tejoncito hidalguense" y escribo
recetas para Q-bo (aunque sean unos traidores por haberle dado
una sección al insípido de Tavochú).
Así pues tenemos
que:
NOMBRE: Eduarda Teófila
Faustina Diódora Anselma López Rojas. (Y aún
así quiero a mis padres).
ALIAS: Tía
Yaya y La Devoradora de Atotonilco de Tula.
LUGAR DE NACIMIENTO:
Atotonilco de Tula, Hidalgo, México ¡A mucha honra!
FECHA DE NACIMIENTO:
13 de octubre de 19
¿a usted qué le importa?
OCUPACIÓN:
Chef profesional, graduada en la UNICOCATIENE y con diversos
diplomados internacionales. Ex luchadora profesional.
SIGNOS: Libra (a
decir verdad más de las necesarias). Venado según
el horóscopo maya, Mono según el signo azteca
y según los chinos Cerdo. (¡Mi destino está
trazado por los astros!)
COLOR FAVORITO: Azul
pastel. (¡Por supuesto!)
AFICIONES: Soy fanática
de los rudos de la AAA en la lucha libre; los malosos Raiders
de Oakland en el football americano y en el fútbol soccer
el Pachuca (¡naturalmente!).
MÚSICA FAVORITA:
Los Tucanes de Tijuana, Lupe Esparza, Priscila y sus Balas de
Plata y Mozart.
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