Hace algunos
años una compañera del trabajo me pidió
de favor que, para agasajar a su futuro marido, le pasara
la receta de la cochinita pibil, porque tiene la idea que
me gusta cocinar. En realidad no es así, me gusta
comer y si tengo antojo de algo en especial, pues me lo
preparo.
De cualquier
manera le transcribí a mi amiga una receta que tenía
apuntada y que alguna vez preparé y salió
buena, pero como sobraba papel, decidí llenarlo con
otra receta que al final se volvieron cuatro y que tenían
anotaciones entre líneas que únicamente tenían
la intención de cotorreármela y hacerla reír
un poco, cosa que por cierto no logré.
Sin embargo,
este mini-recetario cayó en manos de la
Tía Yaya, quien -dentro de su sádica
y enferma mente- elucubró un malvado plan para difundir
estos escritos, sugiriéndome que escribiera más
y de ser posible los publicara en el internet (además
de a gratis).
En el primer
texto involucre a mi Sacrosanta Abuela. Como todos los demás
seres humanos, yo tengo un par de madres de mis padres,
pero no hago mención a ninguna en especial porque
a las dos las quiero mucho y, honestamente, a ninguna le
hacía gracia que me metiera a la cocina a invadir
sus amorosos dominios por temor a que perdiera parte de
mi indumentaria, cosa que por cierto nunca pasó.
Esta pequeña
introducción que va acompañada de unas recetas
sería en realidad, la primera parte de la aportación
gastronómica de Tavochú al mundo. Todas se
han cocinado y preparado para ciertas ocasiones, son prácticas
y están buenas (por lo menos así nos parece
a mi Abuelita y a mí a veces).
Dejando
la historia para otro día, siempre tengo para ustedes
una receta para ocasiones especiales como aniversarios,
cenas de navidad o vasectomías, propias o ajenas.
©Tavochu
es una marca registrada, no acepte imitaciones. (A menos
que le salgan más baratas)