¿En qué nos
quedamos?
¡Ah si! estábamos
en el aeropuerto, llenando papeles por pérdida de equipaje.
Se supone que irían
por nosotras unos amigos del primo de Gege, el primo estudia
árabe en Egipto y es el culpable en ultima instancia
de que nosotras estuviéramos ahí, pero culpable
o no... !nunca lo vimos! Mientras nosotras descubríamos
Egipto, ¡él saludaba a su familia en Bélgica!
Entre el cansancio del viaje,
la emoción por haber perdido la maleta y los nervios
de estar en un país extraño, yo empecé
a imaginarme cosas. Algo así como el síndrome
del gringo llegando a México que sufre pensando cómo
acomodar el equipaje para que no se caiga del burro (en mi caso
un camello) o qué tan grande serian los sombreros (para
mi turbantes). Pero cual seria mi sorpresa, y alivio al descubrir
que los amigos eran como nosotros, de carne y hueso, con jeans
y celular. Llevaban horas esperándonos, pero eso no les
quitó fuerzas para recibirnos calurosamente con un ramo
de flores dibujado sobre una cartulina... las florerías
ya estaban cerradas. Fue una gran suerte conocerlos, porque
además de darnos hospedaje nos integraron a su grupo
de artistas-intelectuales con los que compartimos sheesha (pipa
de agua), té y horas de conversación hasta altas
horas de la madrugada.
A
mi parecer Cairo y Ciudad de México tienen mucho en común.
¡También son varios millones! ¡También
esta muy contaminada!¡También manejan de la patada!
Pero sobre todo la atmósfera... se siente algo en el
ambiente que no se puede describir, es algo así como...
energía vital En cada esquina hay puestos de jugos y
frutas (mi jugo preferido: de caña de azucar, completamente
light) , y los trompos de tacos al pastor que no saben a taco
sino a Kebab. ¿Y qué tal que me encontré
hasta carritos de camote asado? En fin, me sentía en
casa con tanta fritanga.
El Trafico: ¡AYAYAY!
Merece mención especial que yo ya llevaba entrenamiento
para cruzar calles, pero la pobre de Gege si que sufrió.
Si en nuestro DF es toda una aventura cruzar una calle... bueno,
en Cairo lo es como 158 veces mas. Los coches simplemente no
se paran; la función de los semáforos es solo
decorativa, al igual que la de los carriles, velocímetros
y hasta banquetas. Con todo esto, claro que los accidentes no
son raros, pero si es raro que a alguien le llamen la atención
o se preocupe por ver qué paso, un choque no detiene
el caos, solo lo desvía o lo hace saltar.
Así
que para mayor seguridad... ¡a viajar en metro! En nuestro
primer día en Cairo decidimos ir a visitar un barrio
pintoresco, así que nos dirigimos a la estación
más cercana, compramos nuestro boleto y nos subimos al
vagón. ¡Sí, nos subimos al vagón,
pero al equivocado! El de las mujeres era el ultimo y en ese
definitivamente no había mujeres, o al menos las manos
no se sentían nada féminas! Nunca antes el trayecto
de una estación a otra me pareció tan laaaargo...
ni tan apretado. ¡Que horror! Solo les puedo decir que
cuando logramos salir de ahí, ya éramos otras.
Nuestro consuelo es que siendo antropólogas, todo se
puede considerar parte de la investigación... Participant
Observation!
Bueno, ya me puse roja solo
de acordarme, así que mejor voy a tomar un poco de aire
y les cuento más cuando me recupere del susto.
Rosa Maria
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