CONTENIDO

 
Menú
 
Q-bo in English!
 


Lo Nuevo



¿Quiénes Somos?
 


El Foro



Búsqueda
 
Links


Contacto

 

Septiembre me gustó pa' que te vayas
 
Rubirrosa Silvestre III
 

Historias del Palo
 
Rubirrosa Silvestre
   
Para Sacar 10


La Otra Madrid
 
Bien Hecho, Padre

Oda a mi Tía
 
Oda Explicativa

Estigma
 
Una de Tantas
   
Anuncios Clasificados


Evaristo y Yo



Cocina con Tía Yaya
 
Tavochu en la Cocina
 
Tía Yaya X-press

 
Chava Flores, un homenaje


Why the World Hates Gringos

 
Encontrando a Nemo


Perception 9


En Manos de Dios
 
A las Madres en su Día

 
El desván de Minerva
 
Crónica de Viaje
 


Horroróscopos

 
How To Go Chilango!





Contacto








 






 

   Amor en Tiempos del Emoticón

Minerva Parker
minerva@q-bo.com 
 





 


Estuve muy enamorada de un tipo que conocí por internet. Ésta, mi historia, es una de tantas que ocurren a diario en esta especie de ciberespacio underground. Nuestra red de cada día, por la que pedimos y oramos todos las hijas e hijos de esta generación X, y de la que jamás quisiéramos dejar de prescindir. Al menos es mi percepción, a pesar de todo, y a costa de este presente hecho jirones, al que pertenezco y del cual soy sobreviviente.

Tony era el chico más guapo y sexy de todo el pacífico mexicano. En foto me lo pareció. La primer imagen que recibí de él, fue una de esas que te tomas en los parques, playas o ferias. En suma, dónde haya gente - divertida y despreocupada- que gaste lana, y sea capaz de pagarle a un fotógrafo ambulante por llevarse un instante de su vida, impreso en un pedazo de papel fotográfico, el cual de vez en vez le recuerde que hubo tiempos mejores… ¡Y un (a) amante!

Tony, radiante y luciendo un atlético cuerpo, abrazando una sirena con melena rubia bajo una palmera con 3 cocos, en un fondo compuesto por una mezcla de azul celeste y verde turquesa, imitando a la perfección un océano infinito. Donde, naturalmente, sólo su varonil rostro era real -y que hubiera de impregnarse en negativo dentro de mi retina, a fuerza de mirarla y casi idolatrarla. (¡Oh, sí!)

Ese era "mi Tony", tan original, que daba gusto. En ese entonces y sin sospecharlo, tenía en mi correo electrónico, la imagen que habría de desencadenar lo que jamás imaginé, y lo que aún en estos tiempos no acabo de lamentar. Lo ridículamente estúpida que puedo llegar a ser cuando me enamoro... ¡Y cuando me caliento!

Para más señas lo conocí en el "Loving Chat ", una noche de esas que navegas a ciegas y sin rumbo fijo (a lo pendejo, pues), buscando quien escuche tus penas y entretenga solidariamente tu insomnio persistente, uniéndose a tu patológica costumbre por gastar los fines de semana conectada a internet, acompañada únicamente por la sinfonía de los sempiternos perros del amanecer. ( Advertí que podía llegar a ser estúpida, más no loca, ¿o sí?)


Por razones de espacio, omitiré algunos detalles por demás obvios y altamente conocidos por todo aquel que se precie de ser un experto cibernauta, hábil en el arte de hacer amigos en los chats, e iré a la médula del asunto que hoy me ocupa y necesito relatar: Tony.

De piel dorada, reluciente a fuerza de untadas de bronceador, con cabellos rubios y desteñidos por tanto asolearse, Tony sonreía a la vida desde una hermosa casita con alberca y todo (herencia de un tío gay), en el paradisiaco puerto de Acapulco. Alquilaba una pequeña embarcación (lancha), como medio de transporte y auxilio turístico en tan importante puerto mexicano. Pero lo que realmente hacía que su existencia valiera la pena e hiciera de él una persona importante (y atractiva), en esta vida y en las otras (creía ciegamente en la reencarnación), era su verdadera vocación: la de clavadista.

¡Era clavadista! Y ni más ni menos que en la famosísima y mundialmente conocida -adivinaron- "Quebrada". (Caí a sus pies).

La mayoría de los encuentros suscitados eran nocturnos, cargados de una emoción indescriptible. Especie de citas concertadas a la luz de la luna, (nomás que alumbradas por un monitor de 800 x 600 píxeles). Minutos lascivos e invertidos a un tiempo cachondo y clandestino. Cada vez me entusiasmaba más.

Su plática, a golpe de tecla y mouse, era seductora y envolvente. En cada encuentro me impresionaba y por consecuencia transportaba, a diferentes momentos de su activa y por demás interesante vida. Sabía todo lo teórico que hay que saber cuando de aventarse un clavado se trata, técnicamente me volví una experta, por obra y magia de las charlas con Tony. Y yo jamás he ido a la Quebrada.

Por supuesto que hubo más fotos: Tony con sus amigos clavadistas, Tony sosteniendo un magnifico pez espada, Tony observando el sunset, Tony abrazando a su abuelita. Todas ellas acompañadas y firmadas siempre de un rosario de besos enlazados por iméil.

Poco a poco y casi sin darme cuenta, me fui enamorando. No sé si fue la imagen de todo lo que representaba, o "parecía representar", o simplemente es que estaba más sola y … "triste que un torero, al otro lado del telón de acero" (mi entonces grito de guerra y canción de culto, escrita por Sabina en algún lugar de los 80´s).

Cuando dormía, era por pocas horas, y solamente para soñar con él (ahora queda más o menos claro lo de la loquera ¿no es así?). Su piel bronceada, musculosa, y maravillosamente suave, hacían de él un verdadero "Adonis" de carne y hueso, que me tenía trastornada la razón, y el sueño.

Como si fuera una pesadilla recurrente (pero en bonito), imaginaba nuestro futuro encuentro en Acapulco. No me importaría nada excepto estar con él. Haríamos el amor salvajemente empapados por las olas de un mar espeso y tibio. Me dejaría revolcar por la corriente en brazos de él, para amarnos en las profundidades del pacífico azul. Llegaríamos a descubrir una nueva Atlántida, encontraríamos sus tesoros. Me volvería una sirena.

Mi alucine era tal (¡y sin drogas!) que me veía (y casi sentía) lamiendo, una a una todas las gotas de agua de mar, que intentaran resbalar por su piel mojada, las bebería como nadie antes con ardiente sed. Mi lengua viajaría por cada milímetro de su cuerpo y pasaría de lo salado a lo dulce, de lo cálido a lo hirviente, del mar al séptimo cielo. Sudaba frío o caliente, ya ni sé.

No hace falta reiterar (¿o sí?), que lo encontraba espectacular, perfecto, el artífice de mis sueños lúbricos, el protagonista de mi telenovela (chafa). Por supuesto acompañado de un escenario maravillosamente ideal: sol, arena, mar, casa propia.

Todo lo que emergía de su inteligente cerebro, era para mí como una religión que no te cuestionas, que se te impone porque sí con el bautizo no pedido, y en la que simplemente crees y rezas sin saberte la oración.

Cada encuentro virtual fue como una lucha de titanes, que parecía acercarnos más, y que al fin de cuentas terminó por convertirse en una adicción obscena y lujuriosa, que al nacer, tomó su fuerza de la noche y de cada madrugada a punto de clarear. (No se puede llegar a ser más ridícula ¿verdad?).

 

arriba











Q-bo.com!
La Página Más Chida de la Red