CONTENIDO

 
Menú
 
Q-bo in English!
 


Lo Nuevo



¿Quiénes Somos?
 


El Foro



Búsqueda
 
Links


Contacto

 

Septiembre me gustó pa' que te vayas
 
Rubirrosa Silvestre III
 

Historias del Palo
 
Rubirrosa Silvestre
   
Para Sacar 10


La Otra Madrid
 
Bien Hecho, Padre

Oda a mi Tía
 
Oda Explicativa

Estigma
 
Una de Tantas
   
Anuncios Clasificados


Evaristo y Yo



Cocina con Tía Yaya
 
Tavochu en la Cocina
 
Tía Yaya X-press

 
Chava Flores, un homenaje


Why the World Hates Gringos

 
Encontrando a Nemo


Perception 9


En Manos de Dios
 
A las Madres en su Día

 
El desván de Minerva
 
Crónica de Viaje
 


Horroróscopos

 
How To Go Chilango!





Contacto








 






 

   Capítulo 3

Dalia Rodríguez
dalia@q—bo.com 
 





DE CÓMO TRÜTTY SIENTE PALPITAR EN SU DIMINUTO PERO ANGELICAL PECHO, LA LLAMA DEL VERDADERO AMOR


CAPÍTULO III

 

Trütty despierta entre sábanas de satín rosadas y edredones bordados y deshilados a mano por artesanas y artesanos hidrocálidos. Son las 12 del día. Su desayuno se encuentra, como siempre, junto a su cama, en una coqueta charolita de plata. El día de hoy se siente golosa y ha pedido una suculenta uva verde a pesar de que sabe que contiene mucho azúcar. Afortunadamente Phonsie Trucuzú, siempre preocupado por una sana alimentación, ha ordenado que le sirvan un café bajo en calorías y su jugo de naranja con aceite de ricino para que no se dañe su esbelta figura.

Sobre su espléndido buró de ébano del Tibet está el periódico que Trütty toma con sus delicadas y suavísimas manos. En la primera plana puede leerse “Garrotero violentamente golpeado y abandonado en Tepito”. Trütty sonríe satisfecha y decide terminar su desayuno. Se levanta de su cama luciendo un exquisito camisón de seda color azul eléctrico, se pone una bata del mismo material y color. Tan finas y transparentes prendas, de admirable caída, dibujan su magnífica figura. Con presteza se dirige a la ventana para mirar a través de su telescopio hacia la alcoba del Amito Tovar. Los recuerdos vuelven a su memoria.

*

Después de varios días de reposo, Rubirrosa se encontraba al borde de la muerte, pues el ‘Amito' Tovar nunca ordenó que le llevaran de comer, así que estaba más delgada y más hermosa que nunca. La puerta se abrió y entró una charola que venía sostenida por Chencha, quien, pasado el coraje, le habló cariñosamente a su ahijada:

— ¡Ah, qué escuincla tan pendeja! Ya me contaron que te caístes por las escaleras. ¡Alza las patas cuando camines!

— ¿Ya no está usté enojada conmigo, madrina?

— No mi niña, yo no puedo enojarme contigo. Mi carácter maternal no me lo permite, ya sabes que te quiero mesmamente como si jueras mija. Manque la verdá que si yo hubiera tenido una hija tan bruta me suicidaba. Mira, te traje unos chilaquiles bien picosos pa que te desayunes y se te quite la cruda.

— Gracias madrina, pero yo no estoy cruda.

— ¡Ah Dios! ¿Y tons por qué te caístes?

— No sé—, dijo Rubirrosa con desconcierto no me acuerdo.

— No, si cuando yo digo que eres pendeja…

— ¿Y el ‘Amito' Tovar?—, preguntó ansiosa la bella Rubirrosa.

— Pos como estás de güevona aquí en su recamara pos se jué toda la semana pa Acapulco, pero ora llega así que nomás terminas de desayunar, te paras y te cambias pa mi cuarto como ordenó la patrona.

— Entonces… ¿quiere usté decir que doña Eduviges Corcuera, viuda de Tovar, me aceipta en su casa?

— ¡Ni madres! Esa vieja cabrona hija de su tal por cual no da paso sin guarache, lo que pasa es que dice que tienes que pagar el hospedaje con trabajo. Ora apúrate y vámonos.

Rubirrosa terminó sus chilaquiles y se dirigió a la puerta. Miró con nostalgia a su alrededor y suspiró. Algo la empujaba a permanecer ahí, mirándolo todo, pero la dulce voz de su madrina se escuchó desde la escalera.

— ¡ÓRALE GÜEVONA! Agarra el tenate de ropa sucia y ponte a lavarla. Lo haces a mano y con jabón neutro porque el niño Mundito es muy delicado de la piel.

Rubirrosa tomó el cesto con ropa. Aspiró el aroma que se desprendía de ahí; era como esencia concentrada de ‘Amito' Tovar. De pronto notó que hasta arriba había unos calcetines verdes con la imagen del pato Lucas bordada en negro y amarillo. Sin resistir la tentación los tomó y los guardó en la bolsa de su delantal, no por robar, sino para tener algo del ‘Amito' Tovar y poder llevarlo siempre cerca de su corazón.

*

Trütty avanza hacia una caja dorada que está cerrada con llave. Saca una pequeña llavecita de un lugar secreto e innombrable y la abre. Ahí están, sobre un cojín de terciopelo, los calcetines de pato Lucas que extrajo del cesto de ropa sucia del ‘Amito' Tovar aquel día. Es su mayor tesoro y, al mismo tiempo, la única vergüenza de su vida, pues fue la primera y única vez que tomó algo que no le pertenecía. Pero ni sus innumerables guaruras, ni la cerca electrificada, ni los perros entrenados que cuidan de su mansión le causan mayor sentimiento de seguridad y protección que aquellos calcetines. Ya no conservan el aroma que tuvieron al principio, pero ella sabe que, de alguna forma, la esencia del ‘Amito' Tovar aún se encuentra en ellos. Trütty sale de sus pensamientos súbitamente porque alguien llama a la puerta.

Avanti, per piacere!—, dice Trütty distraídamente.

— Señorita, la busca un caballero—, le dice la mucama al tiempo que le entrega una tarjeta.

Trütty toma la tarjeta donde se lee “Alfonso Mondragón, mesero”. La bella joven la mira extrañada y le da la vuelta: del otro lado puede leerse “Poncho, el de loz quezos”. La cara de Trütty se ilumina. —María Faustina: prepárame el baño y ropa casual, luego hazlo pasar al recibidor y pídele que me espere un minutito.

En cuanto María Faustina sale Trütty se apresura para arreglarse lo mejor posible. Toma su baño de burbujas y sales minerales desmineralizadas para que no le maltraten la piel, se pone vitaminas en el cabello, hielo en la cara para detener la acción del tiempo, se da un masaje en los pies con crema refrescante, humecta todo su cuerpo con cremas de diseñador, especiales para su tipo de delicadísima piel y se viste con una diminuta minifalda de satín verde, un bellísimo top blanco de algodón y zapatos con plataforma. Se recoge el cabello en una cola de caballo que no le satisface, luego se hace una trenza francesa que tampoco le place, chongo a la española, tubos, lo alacia, le hace crepé, lo enchina y finalmente manda llamar a su estilista quien se lo corta para que esté a la moda. Aprovechando el viaje, su estilista de cabecera, madame Bibí Bolsité, le aplica una mascarilla de aguacate sintético sin colesterol que es el último grito de la moda y es una maravilla.

— Madame Bibí Bolsité, este corte que me hizo hoy es très jollie!

Oui mademoiselle Trütty. Beautiful and pajaritos! Pero… si me permite el comentario, su ropa ya no es adecuada para el nuevo look, debería cambiarse.

Mais oui, madame!! Tiene usted toda la razón. ¿Qué sugiere usted?

— Pues, ya que hoy será un día de descanso, ¿por qué no usa unos coquetos pescadores y una blusa de licra?

— ¡Oh, sí! Magnífica idea madame—, dice Trütty aplaudiendo con las yemas de sus exquisitos dedos y va a cambiarse.

Tres horas después Trütty aparece en el salón recibidor donde se encuentra a Poncho, el de los quesos, durmiendo plácidamente y babeando su sillón de piel de nutria del Golfo. Trütty se coloca sensual en la puerta y susurra…

— Señor Mondragón….
Un ronquido es la única respuesta.
— Alfonsito…

— Grrr…

— ¡Poncho!—, grita desesperada pero divinamente la sin par Trütty.

Poncho, el de los quesos, despierta asustado y mira a Trütty que está despampanante, no obstante no hace aspaviento alguno, sólo sonríe. Trütty está desconcertada y admirada, ningún hombre la había mirado con tal dulzura y sin lascivia, sólo el ‘Amito' Tovar…

*

Cuando Rubirrosa iba bajando las escaleras con el tenate de la ropa sucia, se topó con el ‘Amito' Tovar, quien subía ágilmente las escaleras de dos en dos, cargando el trofeo que había ganado en el torneo de tenis en Acapulco. La falda de Rubirrosa se había levantado con el cesto y por más que ella trataba de bajarla era imposible, pero el ‘Amito' Tovar no la miró con malicia, al contrario, le sonrió y le dijo:

— Me llena de alborozo el verte de pie, hermosa niña—. Luego añadió, con una voz varonil y vibrante: —Mi ropa sin almidón…—, y siguió su marcha hacia su alcoba.

— Gracias… ‘Amito' Tovar—, dijo Rubirrosa ruborizada y casi imperceptiblemente. Siguió bajando las escaleras y al final de estas se topó frente a frente con María Francisca ‘la Güera' Méndez quien, luciendo un diminuto y casi transparente bikini, se dirigió a nuestra heroína con odio infinito.

— Así que ahí estás güé. ¡Móndriga silvestre, a ti te quería ver güé!

— Diga usté, niña Pancha…

— ¡A mí no me dices así güé, estúpida india ojiverde! Para ti soy la señorita Méndez, güé. Te advierto que no pienso soportar otra de tus estupideces y si me vuelves a echar a perder la manicure francesa, verás quién es María Francisca, ‘La Güera' Méndez.

— ¿Y quién es, niña Pancha? – dijo con toda inocencia Rubirrosa…

María Francisca ‘la Güera' Méndez salió furiosa dando traspiés camino a la alberca.

*

Trütty aún no logra comprender el odio que le tiene la ‘Güera' Méndez, pero en estos momentos no le importa. Ante ella un hombre, un verdadero hombre la mira, no como a una irresistible sex symbol , sino como a la mujer sencilla que es. Poncho, el de los quesos, la observa y con una voz tremendamente dulce le dice:

— El verde pistache no le favorece tanto como el color durazno, señorita Trütty…

Trütty se siente desfallecer: ¡un hombre guapo, distinguido, que conoce de quesos dietéticos y que sabe distinguir el verde pistache del verde limón y el color durazno del rosa clarito! Trütty ya no duda, ante ella está el hombre de su vida. De inmediato sube a cambiarse de ropa. Busca en los tres armarios de su alcoba ropa color durazno… ¡No hay nada!

— ¿Por qué chingaos estás revolviendo toda la ropa? ¡Cómo se nota que tú no la vas a arreglar!—, dice su madrina Chencha al entrar en la habitación. — ¿Y quién es el muchachito ese que tienes ahí dormido en la sala?

— Madrina ¿por qué no tengo ropa color durazno en el closet? – pregunta elocuente y angelical nuestra querida Trütty.

— ¡Ah, que pinche memoria tan flaca como tú! ¿Pos no te acuerdas que el tal Trucuzú ordenó que guardaras la ropa quesque con los colores de moda en el otro cuarto?

— ¡Oh, es verdad!— Dice Trütty emocionada y radiante.

— De a tiro no sé de dónde sacastes lo ridícula, pero bueno, así hay que quererte. — le dice su adorada madrina Chencha mientras caminan a la otra habitación donde madame Bibí Bolsité, se está echando una tacha.

— ¿Qué sucede, mademoiselle Trütty?—, pregunta madame Bibí Bolsité ya un poco viajada.

— Necesito ponerme algo color durazno, madame Bolsité—, dice Trütty sin percatarse del estado inconveniente de su mentora de peinados.

— ¡Oh! Acabo de ver algo justo para usted, mademoiselle— y se da a la tarea de buscar las prendas.

— ¿Ya me vas a decir quién es el güey que está güevoniando en la sala?—, interrumpe su inseparable madrina.

— ¡Es… el hombre de mi vida, madrina!—, dice Trütty, desbordándose de ilusión.

— ¿El hombre de tu vida?—, pregunta incrédula su madrina Chencha.

— ¡Sí, madrina!—, responde con ensoñación nuestra Top Model favorita.

— Pos será el hombre de tu vida, pero tiene cara de puto…

 

¡Conoce el origen de esta apasionante historia!

Rubirrosa Silvestre - Capítulo 1
Rubirrosa Silvestre - Capítulo 2

arriba

 












Q-bo.com!
La Página Más Chida de la Red